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Saludo

Estudiantes y seguidores de los estudios bíblicos y teológicos de la Pastoral Bíblica de Loja reciban un afectuoso saludo. Como actual director les acojo y exhorto a participar continuamente y con ilusión en la formación de su persona y de su fe. La misión de la Iglesia requiere con ahínco de fieles preparados para dar razones de su esperanza. Juntos, entre profesores, tutores y estudiantes, haremos de nuestra Iglesia un espacio de conocimiento, amistad y fraternidad. Con el gozo de ir mejorando procuraremos ofrecerles suficientes servicios en los próximos cursos académicos. La gracia y la paz de parte de Jesucristo estén con ustedes.


Danilo Palacios

Invitación

La Pastoral Bíblica de la Diócesis de Loja te invita a un nuevo Ciclo de Estudios en Modalidad Presencial y Virtual

¿Qué razón tengo para seguir creyendo?
La Palabra de Dios te invita a descubrirlo

Inscripciones Abiertas Mes de Septiembre.
Periodo Octubre/Febrero 2015
¡Unete a ésta iniciativa!

Infor. Curia Diocesana, 10 de agosto entre Bernardo Valdivieso y Olmedo
info@pastoralbiblicaloja.org
Tef. (593)07-2588277/2561039 ext 127

ACTIVIDADES

20 de Septiembre: Quinta Tutoria Escuela de Teología Loja

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Invitación a los próximos ciclos de estudios PDF Imprimir E-mail
Escrito por admin   
Martes, 02 de Septiembre de 2014 17:57

Última actualización el Miércoles, 03 de Septiembre de 2014 09:08
 
JORNADAS DIOCESANAS DE FORMACIÓN 9 – 10 DE JUNIO 2014 PDF Imprimir E-mail
Escrito por admin   
Martes, 29 de Julio de 2014 08:17

La misericordia y la alegría en la evangelización.

El bien no puede ser escondido, comunicando se arraiga y se desarrolla, la evangelización es comunicar. La vida se alimenta “dándola”. Los que más disfrutan de la vida son aquellos que van al encuentro de los demás, un evangelizador no debe tener cara permanente de funeral, hay que recuperar y fomentar el fervor, el mundo reciba la evangelización en cuya vida irradie amor, alguien que ha recibido ese amor.

Un anuncio renovado, ofrece a los creyentes, también a los tibios, una “nueva alegría en la fe y una fecundidad evangelizadora (Cf. EG 11).

La alegría brota del encuentro con Cristo, la iniciativa no es nuestra, es de Dios que me amó primero.

El alma de la Iglesia ha sido siempre la misión visto que es el Espíritu el alma de la misma y nos invita siempre a salir, al encuentro de los demás, en busca de las 99 que se han perdido. La comunidad evangelizadora se mete en la vida cotidiana de los demás, superar los pretextos de sus ocupaciones.

Necesitamos tener estos parámetros: 1) no poner distancias, no poner barreras, acercarse a los demás, oler a oveja. La actitud de la misericordia nos abre a los demás, es el impulso que nos permite vivir el dolor del otro, su necesidad, socorrer sus deficiencias.

El Evangelio nos impulsa a salir de nosotros mismos: la invitación de Jesús “ven, sígueme” prepara para el envío.

Citando EG 44 el Papa nos dice: Sin disminuir el ideal evangélico, hay que acompañar con misericordia y las etapas posibles de crecimiento de las personas que se van construyendo día a día. A los sacerdotes les recuerdo que el confesionario no debe ser una sala de torturas sino el lugar de la misericordia del Señor que nos estimula a ser el bien posible.

Un corazón misionero sabe de esos límites, se hace débil con los débiles, se hace todo para todos, nunca opta por la rigidez, no renuncia al bien posible, aunque corre el riesgo de mancharse con el barro del camino.

El Papa nos dice que la Iglesia en “salida” es una “Iglesia con las puertas abiertas para todos”, uno de los signos concretos es tener los templos con las puertas abiertas en todas partes.

La Eucaristía, si bien es el culmen de la vida sacramental, no es un premio para los perfectos, la evangelización es un generoso remedio y un alimento para los débiles. A menudo nos comportamos como unos controladores de la gracia, y no facilitadores de ella. Pero la Iglesia no es una aduana, al contrario, la Iglesia es la casa paterna donde hay lugar para todos, nadie queda excluido.

Falta compromiso comunitario en la Iglesia por el pecado de la indiferencia. Debemos decir “no” a una economía de la exclusión y a la inequidad (Cf. EG 53). No se puede tolerar, dice el Papa, cuando hay gente sin comida y que pasa hambre. Eso es inequidad. El Papa anima a los expertos financieros: no compartir con los bienes con los pobres es robarles y quitarles la vida. La economía debe estar a favor del ser humano.

Otro factor que está en crisis es la familia. (Cf EG 66)

La familia es el lugar en que se aprende a vivir en la diferencia y a pertenecer a otros y donde los padres trasmiten la fe a sus hijos. La familia inicia con el matrimonio, este se lo está viendo como algo personalista y no comunitario. El matrimonio debe ser el punto fuerte donde se crea comunión, si la célula base no vive esa comunión que le puede esperar a la Iglesia.

El individualismo y el postmodernismo globalizado favorecen un estilo de vida que debilita el desarrollo y la estabilidad de los vínculos entre las personas, y que desnaturaliza los vínculos familiares.

EG 67: Los cristianos debemos insistir en la propuesta de reconocer al otro, de sanar las heridas, de construir puentes, de estrechar lazos y ayudarnos mutuamente a llevar las cargas.

Más que el ateísmo, hoy se cuestiona la respuesta a la sed de Dios que muestra la gente, para que no busquen en un Cristo sin carne y sin cercanía a los otros. El individualismo está contagiando también a la espiritualidad, a una forma de vida aislada de la comunidad. Si ven a las comunidades fraternas y reconciliadas, atraen a los demás. Cuanto bien nos hace “amarnos los unos a los otros”, rezar por aquel que estamos enojados, es un paso al amor y es un acto evangelizador, no nos dejemos robar el amor fraterno.

La Iglesia lugar de la misericordia

La salvación es obra de la misericordia, por más buenas que sean nuestras obras, la obra culminante es siempre Jesús. La Iglesia es enviada como sacramento, tiene el encargo de anunciar. La primera palabra e iniciativa, viene de Dios, entrar en Jesús, estar con Él para ser verdaderos evangelizadores, el principio de la primacía de la gracia, es el anuncio de la evangelización. No se pude sustituir el mensaje del Evangelio por otros mensajes, por más hermosos que aparezcan, es Jesús quien debe ser anunciado. Ser Iglesia, es ser el pueblo de Dios, ser fermento en este mundo, llevar la salvación de Dios en este mundo que se pierde.

La Iglesia, dice el Papa, debe ser el lugar de la misericordia, (Cf. EG 114). Además no debemos dejar a un lado la cultura, que es la expresión de identidad, el Evangelio debe encarnarse en ella, la cultura, nos da el modo de ver la sociedad, es importante redescubrir el valor de la cultura, toda cultura propone valores y cosas positivas y que se identifican con el anuncio del evangelio.

La diversidad cultural, no amenaza la identidad de la Iglesia, estas deben ser acogidas. La cultura construye una unidad que no es uniformidad, es multiforme, crea una armonía que atrae.

El rostro de la Iglesia, es este rostro multiforme, pero que nos lleva al rostro mismo de Cristo, Jesús. La inculturación, debe ser desde los valores del Evangelio, purificar las culturas desde la iluminación del Evangelio.

Todo cristiano es misionero, en la medida en que se ha encontrado con el amor de Dios, el mismo que debe ser comunicado, una alusión al primer anuncio, así como los discípulos dieron a conocer a Jesús. Si tenemos este encuentro con Jesús soy discípulo y misionero, que es tarea de todos. Nuestra imperfección no debe ser una excusa en la tarea de trasmitir y comunicar la fe y el amor de Dios. La misión es un estímulo contante para seguir creciendo y mejorando. La dinámica del anuncio: es dar y recibir.

Las expresiones populares (EG 122 - 126)

Son un lugar teológico, al que debemos mirar con atención, particularmente a la hora de impulsar una nueva evangelización. Se trata de una realidad donde el Espíritu Santo es el agente principal. Para entender esta realidad hace falta acercarse a ella con la mirada del Buen Pastor, que no busca juzgar sino amar. Quien ama al santo Pueblo de Dios, dice el Papa, no debe menos preciar las acciones de piedad popular como una búsqueda natural de la divinidad. Son manifestaciones del Espíritu Santo que se ha derramado en nuestros corazones (Cf. Rm 5,5).

La homilía

Es un factor de toque para evaluar la cercanía y la capacidad de encuentro de un Pastor con su pueblo. (Cf. EG 135). Los frutos se dan si hay un ambiente eclesial y fraterno. La homilía puede ser una intensa y feliz experiencia del Espíritu, un reconfortante encuentro con la Palabra, una constante de renovación y de crecimiento.

El secreto se esconde en la mirada de Jesús a su pueblo, predica con el estilo de cercanía de dialogar con su pueblo. En la homilía la verdad va de la mano de la belleza y del bien.

La catequesis (EG 163)

Es el espacio para anunciar la misericordia, tomar muy en serio el crecimiento de la persona, “cada ser humano necesita más y más de Cristo”, esta es la misión de la catequesis, debe llevar al encuentro con Jesucristo.

La evangelización  no debe consentir que alguien se conforme con poco, hasta que se llegue a decir como el Apóstol: “es Cristo quien vive en mí”. Quien ama al prójimo ya ha cumplido la ley, para San Pablo: toda la ley alcanza su plenitud se sintetiza en este precepto: “amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

La catequesis presenta a sus comunidades como un camino de crecimiento en el Señor.

Toda formación cristiana es ante todo profundización del kerigma que se va haciendo carne cada vez más y mejor, que nunca deja de iluminar la tarea catequística. Es el anuncio  que responde al anhelo de infinito que hay en cada corazón humano. La centralidad del kerigma expresa demanda ciertas características que hoy son necesarias en todas partes: que exprese el amor salvífico de Dios previo a la obligación moral y religiosa, que no imponga la verdad y que apele a la libertad, que posee unas notas de alegría, estimulo, vitalidad, y una integralidad armoniosa que no reduzca la predicación a unas pocas doctrinas a veces más filosóficas que evangélicas. Esto exige al evangelizador ciertas actitudes que ayudan a acoger mejor el anuncio: cercanía, apertura al diálogo, paciencia, acogida cordial que no condena.

El acompañamiento personal de los procesos de crecimiento (EG 169)

En una civilización herida de anonimato, y a la vez, obsesionada por los detalles de la vida de los demás, enferma de curiosidad malsana, la Iglesia necesita la mirada cercana para contemplar, conmoverse y detenerse ante el otro cuantas veces sea necesario.

El evangelio nos propone corregir y ayudar a crecer a una persona, sin emitir juicios, sino curar, esta experiencia hace mirar con serenidad la propia vida, y nos capacita para acompañar al otro en actitud de llevarle más y más a Dios en quien podemos alcanzar la verdadera libertad.

La pastoral de escucha, es urgente en nuestros tiempos. Necesitamos ejercitarnos en el arte de escuchar, que es más que oír. Lo primero en la comunicación con el otro, es la capacidad del corazón que hace posible la proximidad, sin la cual no existe un verdadero encuentro espiritual. La escucha nos ayuda a encontrar el gesto y la palabra oportuna que nos desinstala de la tranquila condición de espectadores. Solo a partir de esta escucha respetuosa y compasiva se pueden encontrar los caminos de un genuino crecimiento, despertar el deseo del ideal cristiano, las ansias de responder plenamente al amor de Dios y el anhelo de desarrollar lo mejor que Dios ha sembrado en la propia vida.

El capítulo cuarto de la Evangelii Gaudium, es el rostro de la misericordia de Dios en el corazón mismo del evangelio es la comunidad, el contenido del primer anuncio es forjar el encuentro Jesús y el compromiso con los demás.

El kerigma tiene un contenido ineludible social: en el corazón mismo del Evangelio está la vida comunitaria y el compromiso con los otros. El contenido del primer anuncio es una inmediata repercusión moral cuyo centro es la caridad (EG 177).

Confesión de la fe y compromiso social (EG 178)

La aceptación del primer anuncio que invita a dejarse amar por Dios y a amarlo con el amor que Él mismo nos comunica, provoca en la vida de la persona y en sus acciones una primera y fundamental reacción: desear, buscar y cuidar el bien de los demás.

Cualquier comunidad de la Iglesia, en la medida en que pretenda subsistir tranquila sin ocuparse creativamente y cooperar con eficiencia para que los pobres vivan con dignidad y para incluir a todos, también correrá el riesgo de la disolución, aunque hable de temas sociales y critique a los gobiernos. Fácilmente terminará sumida en la comunidad espiritual, disimulada con prácticas religiosas, con reuniones fecundas o con discursos vacíos (EG 207).

Cuidar la fragilidad

Jesús el evangelizador por excelencia se identifica con los más pequeños (Mt 25,40). Así se nos recuerda que todos estamos llamados a cuidar los más frágiles (EG 209).

Es indispensable colocar la atención para estar más cerca de las nuevas formas de pobreza y fragilidad, donde estamos llamados a reconocer a Cristo sufriente: los sin techo, los toxicodependientes, los refugiados, los pueblos indígenas, los ancianos cada vez más solos, los migrantes, etc. Ante ello, el Papa exhorta a los países a una generosa apertura, que en lugar de temer la destrucción de la identidad local, sea capaz de crear nuevas síntesis culturales (EG 210).

“Todos los cristianos estamos llamados a cuidar la fragilidad del pueblo y del mundo en que vivimos” (EG 216).

Última actualización el Martes, 29 de Julio de 2014 08:29
 
JORNADAS DIOCESANAS DE FORMACIÓN 9 – 10 DE JUNIO 2014 PDF Imprimir E-mail
Escrito por admin   
Viernes, 11 de Julio de 2014 12:49

tema: La Misericordia Según la Exhortación Apostólica “Evangelii Gaudium” del Papa Francisco”.

Ponente: Mons. Walter Heras O.F.M.

Obispo Vicario Apostólico de Zamora

¿Qué es la misericordia?

Podríamos definirla como un sentimiento interior de compasión y piedad ante las desgracias ajenas que impulsa a socorrer a quienes las padecen. Tiene un sentido y campo de acción muy amplio y la denominamos también: compasión, piedad, perdón, gracia, favor, benevolencia, con sus diversos matices y que tienen su origen y fundamento último en el amor a Dios y al prójimo.

Es el amor de Dios al hombre, en el hombre siempre es limitado, por ello, en las obras de misericordia, se nos invita a una acción concreta, ya que es amplio la misericordia. En Jesús se nos muestra la misericordia, y su misericordia se extiende a todos.

La imagen de misericordia es siempre Jesús. Siendo Dios no compartió el pecado, pero sí la misericordia.

En Jesús la misericordia tuvo la expresión máxima, en nosotros es limitada, sin embargo, en la relación íntima con Jesús aprenderemos de Él y sólo el deseo de poseer a Dios nos da la valentía de salir de nosotros mismos.

Es bueno preguntarse ¿dónde hay que salir?, ¿a quienes debemos llegar?.

La misericordia de Jesús se manifestó con todos, nadie queda excluido del mensaje de Jesús.

La misericordia se da en el “perdón”, perdonar setenta veces siete Mt 18,22.

En el pasaje de la mujer adúltera, es Jesús quien perdona, aunque no haya pedido perdón. Perdona a sus verdugos (Lc 23, 24). 2Cor 5,21.

Mt 5,7: Las bienaventuranzas

“Bienaventurados los misericordiosos, porque alcanzaran misericordia”.

En la figura del samaritano encontramos al hombre que necesita de la acción compasiva de los demás, es a él a quien llega la misericordia de parte del buen samaritano (Lc 10), he ahí la gran invitación de curar, cuidar y estar con el necesitado.

El apóstol de la misericordia: Santiago, su carta se debe entender desde esta clave: ustedes deben amar y actuar como aquellos que serán juzgados de Quien “prima la misericordia a la justicia”.

La misericordia ayuda a devolver el equilibrio a esta sociedad.


La misericordia en el magisterio del Papa Francisco:

Jesús ilumina nuestra vida como un fuego que nunca se agota y nos da la paz. El Papa recuerda que Jesús en el evangelio nos dice que ser cristiano no es tener una etiqueta, sino cristianos de verdad y de corazón, ser cristiano es vivir en la verdad, cumpliendo la justicia.

No hay una sistematización sobre la misericordia en el magisterio del Papa Francisco, pero la constatamos en sus homilías, discursos y más intervenciones como Vicario de Cristo.

“La misericordia de Dios es una gran luz: de amor y de ternura”. La misericordia de Dios, es la caricia de Dios sobre las heridas de nuestros pecados.

Así es la misericordia de Dios: un amor tan grande, profundo el que Dios nos tiene, que no decae, nos sostiene, nos levanta y nos guía. Este amor, siempre aferra nuestra mano, como la de un padre a su hijo. La misericordia es siempre ayudar a levantar al que ha caído.

La misericordia de Jesús no es sólo un sentimiento, porque estos pueden cambiar, la misericordia es una fuerza que da vida, que resucita al hombre. Jesús cuando mira los ojos de la viuda de Naín que llora la muerte de su hijo, nos enseña que nuestra mirada debe ir, a aquel que sufre y padece. Esta es compasión, un sentimiento pero que mueve a actuar frente a la miseria humana.

El termino compasión, remite a las entrañas maternas, la madre experimenta un dolor propio por sus hijos. La misericordia de Dios da vida al hombre, si vamos a Jesús encontramos el perdón y encontramos la vida.

La misericordia se traduce en las actitudes, una de ellas es el “perdón”. Cuando la actitud de la misericordia, no resulta fácil, es porque primero se ha puesto el juicio antes que la misericordia, y así no resulta espontáneo.

Dos actitudes que señala el Papa para la misericordia:

a conciencia de nosotros mismos: frente al arrepentimiento, la justicia de Dios se trasforma en misericordia. Dios no se cansa de perdonar, pero es necesario avergonzarse de los pecados. Sentir el dolor de corazón y avergonzarse. No es fácil decir: “he pecado”, menos cuando no hay dolor de corazón y puede endurecerse y tener juicios duros de los demás. A menudo, se tiende a justificar, y a descargar los propios pecados sobre los demás, como el ejemplo de Adán. Con una actitud de arrepentimiento se puede experimentar la misericordia de Dios y se podrá tener misericordia de los demás. Si no perdono estoy fuera de la lógica de la misericordia: que es, ser perdonados y perdonar.

Agrandar el corazón: un corazón que no se abre a los demás, no es capaz de dar misericordia. “Quien soy yo para juzgar”, esta actitud agranda el corazón. “No condenéis y no seréis condenaos”; “dad y se os dará” nos dice el Evangelio, esto es generosidad del corazón. Si tienes corazón grande puedes recibir más. Este corazón es capaz de perdonar y olvidar, el hombre y la mujer de corazón grande jamás juzga ni condena, porque antes de ello reconoce su propio pecado. Si todos tuviésemos esta actitud, cuanta paz habría en, nuestras vidas, en la familia, en la sociedad y en el mundo entero.

La Iglesia necesita con gran urgencia estas dos actitudes de la misericordia. ¿Cómo la debe dar? A través de la proximidad de la cercanía, de la ternura, de curar las heridas familiares y personales. Hacer un verdadero acompañamiento espiritual a las personas.

En el Evangelio de Lucas encontramos las parábolas de la misericordia, en ellas caracteriza la “alegría de Dios”, alegría de encontrar a la moneda perdida, alegría de encontrar la oveja perdida, alegría por el regreso del hijo que se marchó de la casa paterna.

El mal moral, el mal espiritual: solo el amor lo puede cubrir. Jesús es todo misericordia, es Dios hecho hombre. El peligro es sentirnos justos, como el hermano mayor de la parábola del hijo prodigo; así aparece otra actitud que aleja la misericordia: la envidia.

Para estar en comunión con Dios debemos tener misericordia. El amor de Dios está en la alegría de perdonar, de esperar siempre, una espera que no es pasiva sino activa.

El juicio de Dios es dar la vida por nosotros, este acto supremo de justicia es también el acto supremo de misericordia. “Sean misericordiosos como mi Padre es misericordioso” es la invitación de Jesús. La misericordia de Dios no quiere que ninguno se condene, es grande la misericordia de Dios.

En el rostro de Jesús esta la misericordia de Dios, en una escena de las apariciones de Jesús Resucitado vemos la actitud de Tomás, quien se mostró incrédulo de este acontecimiento, él quiere ver, tocar, palpar para creer, así debemos acudir a la misericordia de Dios. La misericordia se la siente no desde la lejanía, sino desde la cercanía. Jesús le da tiempo a Tomás, no le cierra la puerta. Tomás por su parte, reconoce su poca fe, “Señor mío y Dios mío”, con esta simple expresión responde a la paciencia de Jesús.

No perdamos nunca la confianza en la paciente misericordia de Dios. Él nos espera siempre con los brazos abiertos.


“Evangelii Gaudium” desde la perspectiva de la misericordia.

El tema de la misericordia es el eje trasversal de esta exhortación. Muchos textos guían el contenido de la exhortación así como actitudes concretas del Papa.

Esta exhortación se la entiende desde la clave de la misericordia, asoma a menudo en sus citaciones el Documento de Aparecida, aprenderemos a ser misericordiosos cuando nos encontremos con él, no con una teoría, una doctrina, el encuentro con Jesús debe marcar mi vida, quienes se dejan salvar: “los liberados de la tristeza”. La mayor alegría es ser salvados.

Cinco partes de la EG

Evangelizar es llenar de alegría este mundo, la misericordia: la realidad del mundo, que necesita. La misericordia se da a partir de la Encarnación: en este misterio se da un conocer desde dentro, un  partir de la realidad. Este mundo es un mundo triste, el consumismo ha llevado a confundir al hombre la felicidad y se reduce en el consumir, y cuando no puede lograrlo, se siente triste. La tecnología crea ansia de consumir, vuelve al ser humano individualista.

Crea un corazón cómodo y avaro, piensa sólo en sí mismo, no hay espacio para los demás. Ya no se escucha la voz de Dios, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien. La misericordia, debe crear alegría, y eso sucede cuando se ensancha el corazón. El encuentro con Jesús es siempre confortante, espera con los brazos abiertos, tiene el corazón ancho, nos hace tan bien volver a él, cuando nos hemos perdido.

Dios no se cansa nunca de perdonar, somos nosotros los que nos cansamos de acudir a su misericordia. Nadie debe quitarnos la dignidad que nos da este amor infinito de Dios.

Mucho se habla del cambio de estructuras y de romper paradigmas, pero lo más difícil es que se dé una conversión personal, es la persona en concreto que debe tener el encuentro con Jesús.

 

Jesucristo nos da ejemplo y me debe portar a tener los mismos sentimientos de Él, como lo recuerda el Apóstol. La misericordia participa en toda la creación. En Isaías se lee: “aclamad al Señor con alegría toda la tierra”, ver a Dios en lo cotidiano de la vida, los acontecimientos diarios, en todo mi quehacer. Necesitamos comunicar la alegría del encuentro con Jesús (Cf. Sr 14,11).

Última actualización el Viernes, 11 de Julio de 2014 12:59
 
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